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Un médico desmonta a los abortistas: «Aunque no escuchamos al feto decir ‘me duele’, su cuerpo sí responde»

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La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada o similar a la asociada con daño tisular real o potencial

ara la izquierda, el síndrome posaborto no existe. Tampoco el dolor que puede sentir el embrión en el momento en el que les quitan la vida. La ministra de Sanidad, Mónica García, lo ha repetido en numerosas ocasiones. Una de ellas el pasado mes de octubre, cuando afirmó que «no existe y no está en ninguna guía, en ningún protocolo, en ningún lugar». Sin embargo, estas afirmaciones no coniciden con las de los doctores, que revelan que entender cómo y cuándo el feto podría percibir dolor no solo es «una cuestión académica», sino también «un tema ético y práctico» que impacta directamente en la ginecología, la medicina fetal y neonatal.

Según Francisco Reinoso Barbero, doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid, y fundador y director de la primera unidad de dolor pediátrica de España, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor como una «experiencia sensorial y emocional desagradable asociada o similar a la asociada con daño tisular real o potencial». Esta definición, que resulta funcional para los adultos, se enfrenta a ciertos desafíos cuando se aplica al feto.

Es cierto que los fetos no tienen la capacidad de verbalizar o describir sus emociones, por lo que, evidentemente, no pueden decir si algo les duele o no. Sin embargo, revela el doctor Reinoso Barbero, esto no significa que debamos descartar «automáticamente la posibilidad de que experimenten algún tipo de dolor».



En este sentido, el doctor señala que «aunque no podamos escuchar al feto decir ‘me duele’, su cuerpo responde de otro modo». Y es que, gracias a diversos estudios científicos, se ha demostrado que , ante estímulos dolorosos, los fetos presentan «respuestas fisiológicas, conductuales y hormonales similares a las asociadas con el dolor en otras etapas de la vida», asevera el experto. Entre los efectos que sufre el bebé no nacido están los cambios de frecuencia cardiaca, movimientos defensivos, variaciones en el flujo sanguíneo cerebral y la liberación de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina.

Aunque desde el Ministerio de Sanidad aseguren que esto no es así, lo cierto es que el sistema que detecta y transmite las señales de dolor comienza a formarse muy temprano en la gestación. Concretamente, explica el doctor Reinoso, los receptores nociceptivos aparecen alrededor de las 6 semanas y, desde la semana 12, las señales «pueden transmitirse al cerebro gracias a las conexiones con la médula espinal». Si bien estas vías no están maduras antes del nacimiento, el feto puede responder a «estímulos nocivos incluso antes de que se formen las conexiones entre el tálamo y la corteza», asociadas con «la experiencia consciente del dolor en los adultos».

La tecnología y la investigación han revolucionado la medicina. Durante mucho tiempo los expertos creyeron que el dolor solo se sentía cuando se producían cuando se establecían la conexiones entre el tálamo y la corteza, que se completan alrededor de las 24-28 semanas de gestación. Sin embargo, comunica el doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid, estudios más recientes sugieren que las estructuras subcorticales pueden procesar «estímulos dolorosos de manera significativa incluso antes de este periodo». De hecho, se ha observado que algunos neonatos prematuros muestran respuestas claras al dolor.

Por último, el doctor Reinosa advierte que la percepción del dolor fetal es «un tema fascinante que combina aspectos científicos, éticos y clínicos». Por ello, aunque aún no se comprende completamente cómo experimentan el dolor los fetos, la evidencia disponible indica que tienen la capacidad de «responder a estímulos dolorosos desde etapas tempranas del desarrollo que se corresponden con la mitad de la gestación».

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