En una decisión histórica, el príncipe Alberto II de Mónaco vetó la ley que pretendía legalizar el aborto en el Principado, afirmando que la norma iba en contra de los principios bíblicos y de la identidad cristiana sobre la que se funda la nación.
La medida detiene una reforma aprobada por el Consejo Nacional, que buscaba permitir el aborto libre hasta las 12 semanas y flexibilizar requisitos en casos de violación.
Con el veto, continúa vigente una de las legislaciones más restrictivas de Europa, permitiendo el aborto solo en tres situaciones: violación, riesgo grave para la madre y malformación fetal severa.
📜 En entrevista con Monaco-Matin, el príncipe explicó que el marco actual “refleja quiénes somos” y respeta el lugar que ocupa la fe cristiana en el país. Como Soberano, la Constitución le otorga la facultad de firmar o no las leyes, y decidió detener por completo la reforma.
La decisión ha generado un fuerte debate:
🔹 Organizaciones provida celebran el acto como un ejemplo de liderazgo en defensa de la vida.
🔹 Sectores progresistas critican que se anteponga la fe a la presión social, pues encuestas indican que muchos ciudadanos respaldaban la reforma.
Aun así, Alberto II ha reiterado que su deber es mantener la coherencia entre la Constitución, la legislación vigente y los valores que dan identidad al Principado.
Para muchos creyentes, lo ocurrido en Mónaco recuerda que las autoridades tienen la responsabilidad moral de proteger la vida desde la concepción, conforme a la verdad bíblica de que todo ser humano es creado a imagen de Dios.
